La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) ha superado las 5.000 muertes, en el que ya es el brote más mortífero registrado en la historia del país. Los últimos datos del Ministerio de Salud congoleño, difundidos el sábado, contabilizan 5.026 fallecidos entre 10.351 personas infectadas.
La enfermedad, provocada por la variante Bundibugyo del virus, fue declarada en mayo y continúa propagándose pese a los esfuerzos de contención. Ocho de las 26 provincias de la RDC se han visto afectadas, con una concentración de casos en Ituri y Kivu del Norte.
Las autoridades sanitarias afrontan dificultades para identificar las cadenas de transmisión y localizar a los contactos de las personas infectadas. Según los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), alrededor del 80 % de los nuevos contagios se producen fuera de las cadenas de transmisión conocidas.

La Organización Mundial de la Salud también ha advertido de que aproximadamente un tercio de las personas fallecidas no llegó a recibir atención médica antes de morir.
Nigeria descarta dos casos sospechosos
Este domingo, las autoridades sanitarias de Nigeria han confirmado que las muestras de dos personas sospechosas de estar infectadas dieron negativo tras dos rondas de pruebas.
Ambos pacientes habían sido aislados mientras se realizaban los análisis y se identificaban sus contactos. El país mantiene la vigilancia tras confirmar un caso de ébola en octubre, correspondiente a una mujer que había viajado desde Uganda.
La paciente fue evacuada a Suiza para recibir tratamiento, junto con su esposo, considerado contacto cercano. La investigación epidemiológica continúa para determinar el origen de la infección y evitar nuevas transmisiones.
Una respuesta sanitaria bajo presión
La expansión del brote se ve agravada por el conflicto armado, las dificultades de acceso a las zonas afectadas y la falta de recursos en los centros sanitarios. Las interrupciones de los servicios médicos y las huelgas de trabajadores por salarios impagados también complican la atención a los pacientes.
La variante Bundibugyo no dispone actualmente de una vacuna ni de un tratamiento específico aprobado. La respuesta se centra en el aislamiento de los pacientes, la atención de apoyo, la vigilancia epidemiológica y el seguimiento de contactos.

La situación mantiene en alerta a las autoridades sanitarias regionales ante el riesgo de nuevas transmisiones transfronterizas.
